Introducción

La definición del sentido de la vida es uno de los enigmas que han mantenido ocupada la mente de los hombres de cierto nivel de pensamiento a través de la historia. Mientras el hombre común se limita a tratar de resolver sus problemas cotidianos, filósofos y científicos han dedicado gran parte de su trabajo a tratar de resolverlo.

En los albores de la humanidad el comportamiento de las pequeñas comunidades sufría del temor a lo desconocido además de los aspectos físicos que el medio ambiente le imponía, tales como el clima, la alimentación, las enfermedades, etc.  El temor a lo desconocido fue canalizado hacia los rituales en esas sociedades primitivas por medio de hechiceros que afirmaban tener conocimiento acerca de lo que la mayoría ignoraba.

En las primeras civilizaciones este  hecho fue aprovechado particularmente por quienes afirmaban ser descendientes directos de los dioses y de esta manera, el temor infundido en los grupos de personas ignorantes ha sido utilizado a partir de entonces por muchos otros que ostentan el poder como un mecanismo de sometimeinto ideológico. Las estructuras sociales y económicas prtieron de estos inicios basados en el temor y la creencia. Las estructuras económicas establecen en forma particular la forma de vida de la población, su moral y sus expectativas de vida. Así el ciudadano común se conforma con satisfacer sus necesidades básicas y sus ideales no van más allá de los que se relacionan con el ciclo de vida de cualquier ser viviente.

La condición de insatisfacción del individuo común es propiciada por el mismo sistema económico que se basa en el consumo de productos orientados a necesidades artificiales o al menos superfluas. Algunos de los mencionados individuos trascienden al plano cognositivo en las ciencias y en el arte, más allá de los intereses comerciales y logran tener una visión más profunda en la que el ser humano se ve confrontado en su existencia.






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